por Nicolás Sartorius El libro de Pedro Carvajal es un eslabón más en la recuperación de la memoria histórica de nuestro país. El fondo de la narración es una investigación rigurosa sobre la detención, interrogatorio, procesamiento, juicio y fusilamiento de Julián Grimau. Pero también de la España de entonces, es decir, de las luchas clandestinas, de la historia y del combate del Partido Comunista de España, el que más combatía la dictadura; de cómo funcionaba el aparato represivo del franquismo. Todo eso figura en el libro a través de testimonios y de investigaciones que ha realizado el autor: el nacimiento de Comisiones Obreras; el desarrollo y las luchas estudiantiles; la oposición, todo eso aparece en la obra de Carvajal y en ese sentido no sólo trata de Julián Grimau, que ya sería suficiente, sino de Grimau en el contexto histórico de aquel entonces. En cuanto a la forma, es un texto que se lee de manera apasionada y apasionante. Ante él me he formulado algunas preguntas: La primera, ¿por qué la dictadura ejecutó a Julián Grimau en abril de 1963? Si 1956 fue el año del inicio de la rebelión estudiantil, cuando la dictadura pierde a la juventud universitaria, cuando empezó a materializarse la reconciliación entre los españoles –porque allí estábamos los hijos de los vencedores y de los vencidos de la guerra civil-, el año 1962 el nuevo movimiento obrero empieza a crearle problemas serios a la dictadura. Si el 56 fue el primer golpe contra el SEU, el 62 fue el de la primera gran sacudida contra el entramado sindical del régimen, y la irrupción del nuevo movimiento obrero que luego se transformó en Comisiones Obreras como poder fáctico de la oposición. A partir de ahí comienzan a tomar conciencia las capas profesionales e intelectuales. Fue un año negro para la dictadura y, como todas las dictaduras, sucumbe al pánico cuando la gente se moviliza. Fue el año del encuentro de Munich de la oposición sin el PC, un error; el de las huelgas de Asturias; cuando a España le niegan la entrada en el Mercado Común. Se celebró el Concilio Vaticano II y, en el marco de la guerra fría, se desencadenó la crisis de los misiles en Cuba. Aquella ejecución fue una venganza y una advertencia. Grimau pagó con su vida todo lo que había significado el año 1962 y el protagonismo del PC. Una advertencia ¿a quién?, pues a la oposición no comunista, pues para el régimen la unidad de la oposición, incluidos los comunistas, era un peligro enorme que debía evitarse a cualquier precio. Tal unidad se lograría en 1976. Hasta entonces los comunistas eran apestados y el régimen siempre tuvo claro que la unidad era un peligro mortal. En consecuencia, castigaba durísimamente a los comunistas para advertir qué podía sucederles a cuantos siguieran por ese camino. La segunda pregunta, más inquietante, plantea cual fue la reacción de la sociedad española, qué hizo la sociedad española ante este crimen de Estado. Y la reacción fue muy débil, por no decir inexistente. Una parte, porque estaba atemorizada, desinformada y, sobre todo, manipulada. Pero otra parte fue cómplice porque contra los comunistas valía todo. El régimen contaba con sólidos apoyos externos. Tres años antes de la ejecución, Eisenhower había venido a España y abrazado a Franco bajo la atenta mirada del general Walters, un jefe de la CIA; el Vaticano apoyaba a la dictadura que, internamente, gozaba del apoyo absoluto del ejército y de la mayoría de la magistratura, salvo contadas excepciones; y del apoyo de la Iglesia, de la Administración; de la banca; de la mayoría del empresariado, de los colegios profesionales... es decir, Franco, no era un tirano aislado. Y por último, cabe preguntarse: ¿fue útil o inútil el sacrificio que Julián Grimau representa en su expresión máxima, porque dio la vida por la causa de la libertad? El libro está dedicado al movimiento obrero y a los comunistas, y Pedro Carvajal no es ni obrero ni comunista; por lo tanto tiene más mérito y supone, sobre todo, un reconocimiento a lo que significaron el movimiento obrero y los comunistas. Sin Grimau, sin el PC, sin Comisiones Obreras, no se habría reinstaurado la democracia española en 1978. Fue en 1978 y no 1975, cuando muere Franco, porque el dictador murió en la cama, pero la dictadura murió en la calle. Y no habría existido calle que hiciese inviable el gobierno Arias Navarro, que era la continuación del franquismo con otros métodos, sin los enormes sacrificios, con miles de personas anónimas que recuperaron la democracia en España. Así, el mejor homenaje que se puede hacer a los “grimaus”, no es pedir responsabilidades penales, sino contar la historia como fue. El olvido es la absolución definitiva de los verdugos. A éstos se les puede perdonar penalmente e incluso políticamente, pero no se puede olvidar lo que pasó en este país. ____________________
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