por Manuel S. Jardí Este nuevo volumen es continuación de los trabajos realizados por el equipo multidisciplinar de investigadores que coordinó el catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad Enrique Bustamante, y que dio lugar a otro libro reciente:“Comunicación y cultura en la era digital”, asimismo editado por Gedisa en el marco de la Fundación Alternativas. “Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación. Las industrias culturales en la era digital”, evalúa el estado de diversos sectores y subsectores, sus puntos fuertes y débiles, así como los distintos escenarios que se dibujan en la era digital. El libro y la industria editorial; la música y las batallas por los derechos; el cine ante el cambio; la prensa ‘on line’ y los interrogantes ante el pluralismo; la incertidumbre de la radio; la televisión digital y los nuevos retos profesionales; el videojuego; los grupos de comunicación empujados a converger; los derechos de la propiedad intelectual, y el protagonismo de las regiones europeas ante las políticas culturales. Son algunos de los grandes temas a los que este documentado volumen pretende dar respuesta o, cuando menos, incitar a la reflexión, puesto que la era digital y las transformaciones de todo tipo que se avecinan ya están aquí o, en algunos casos, a la vuelta de la esquina. El diagnóstico no elude el entramado de pugnas y coexistencias analógicas y digitales que se debaten en la construcción de este nuevo sistema mundial de comunicación y cultura. Las posibilidades de construir un universo de valores rico y plural son notables, pero la creciente mercantilización e internacionalización de las industrias, amenazan con ahondar la fractura digital. Para los autores, resulta fundamental apelar a la formulación de nuevas políticas públicas y coherentes, a menudo ausentes o en evidente dejación de funciones, que coloquen a la cultura en el centro del desarrollo y no sujeta a los vaivenes exclusivos del mercado. En todos los sectores analizados, las tecnologías digitales parecen predecir una reducción de los costes de creación de contenidos y servicios. Ello habría de repercutir inicialmente en la democratización y expansión de la creatividad y la expresión. Sin embargo, y pese a que la era digital representa un futuro tan ineludible como inminente, el desarrollo de estas potencialidades es bastante escaso. No todo son bondades tecnológicas. En ciertos sectores, como la televisión, la radio o la prensa electrónica, la reconversión profesional y la aparición de nuevas actividades y retos formativos no ocultan los riesgos evidentes de precarización, flexibilidad y movilidad laboral y geográfica. Para el consumidor de los productos que genere la industria cultural en la nueva era, el aumento de la oferta, el abaratamiento de los precios y la internacionalización de los mercados son factores que deberían favorecerle. Ello conlleva, sin embargo, una fragmentación del consumo que actúa en contra de las economías de escala y que debe ser compensada, a juicio de los autores, con una expansión internacional de los mercados. Las nuevas redes, en conclusión, pueden abrir nuevos espacios para la expresión y supervivencia económica de creadores, y pequeñas y medianas industrias culturales y comunicativas. También propiciar un mayor pluralismo e intervención de los usuarios que erosione el dominio de los grandes grupos transnacionales. Pero todo ello no se mantendrá por el efecto espontáneo del libre mercado. Los autores insisten en que las políticas públicas son más necesarias que nunca. En este sentido, cada sector de las industrias culturales analizado contempla un estudio pormenorizado de las políticas desarrolladas y de las propuestas alternativas que pueden plantearse, tanto en los ámbitos comunitario, nacional y regional. En el sobreentendido de que la experiencia europea es la más prolongada y rica, y sobre sus lecciones puede afrontarse una visión alternativa para el porvenir. La investigación y diagnósticos contenidos en este informe coordinado por Bustamante no sólo interesa a profesionales, empresarios, curiosos, sensibles o estudiosos ante las transformaciones que se avecinan en el mundo de la comunicación y la cultura. Debería ser, también, de obligada lectura para cuantos aspiran a ostentar responsabilidades políticas o puestos de influencia en sectores públicos o privados relacionados con la industria cultural. Los escenarios comunes, las visiones habitualmente limitadas o constreñidas por el beneficio político a corto plazo, los intereses creados y la enorme ignorancia ante la magnitud de los cambios en ciernes, también representan una seria amenaza a la pluralidad, a la creatividad y al desarrollo de nuestras sociedades en la era digital. ____________________
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