LE MONDE diplomatique - edición española



  • Saskia Sassen

Contrageografías de la globaliza-ción. Género y ciudadanía en los circuitos transfronterizos, Madrid, 2003, Traficantes de sueños.

por Javier de Lucas

La socióloga de la Universidad de Chicago es una de las más conocidas especialistas en el análisis de los complejos procesos que se entrecruzan en la maraña de la globalización. Libros como La ciudad global. Nueva York, Londres, Tokio (1991), ¿Perdiendo el control? La soberanía en la era de la globalización (2001), junto a otros no traducidos al castellano como Migranti, coloni, rifugiati. Dall’immigrazione di massa alla fortezza Europa (1999), o Globalization and its Discontents. Essay on the New mobility of People and Money (1998) son un buen exponente. Ahora, el reciente y estimulante sello editorial Traficantes de Sueños, reúne en este libro cuatro ensayos que son una buena muestra del esfuerzo de Sassen por ofrecernos una nueva cartografía que nos permita orientarnos en el laberinto de la globalización. Una herramienta para desanudar los nudos gordianos impuestos como dogmas por la ideología globalista, como sugieren Cristina Vega y Sandra Gil en su excelente estudio introductorio, que de suyo constituye un buen aliciente para leer el libro.

Dos de los cuatro trabajos, “El impacto de las nuevas tecnologías en la economía global” y “Contrageografías de la globalización” son sobre todo, a mi juicio, el desarrollo de tesis anteriores acerca de la relación entre lo que algunos presentan como el fin del Estado nacional como consecuencia de su inadecuación al mundo globalizado (Sassen prefiere hablar de transformación del papel de los estados nacionales y la realidad parece darle razón), y el alma transnacional del proyecto globalizador en su dimensión económico-financiera, un elemento clave destacado también por otros analistas, de I.Ramonet a Aihwa Ong o S.George, quien ha cifrado precisamente en el papel de las Empresas Transnacionales (las ETN) el elemento distintivo del modelo contemporáneo de globalización. Ello explica, además, el análisis propuesto por Sassen acerca de un factor estructural de la nueva geografía global, los nuevos flujos migratorios, que explica como fenómenos producidos por una red de relaciones muy compleja, que no se puede reducir sólo a la dimensión económica, ni explicar tampoco únicamente en clave de factores demográficos.

Pero son los otros dos ensayos los que resultarán, según creo, más atractivos para quienes tratan de encontrar herramientas con las que hacer frente a la construcción de la nueva política que exige la globalización y que parece haber dado un nuevo paso en la contestación a la agresión en Iraq. Me refiero, en primer lugar, a “Lo que no se ve”, es decir, a lo que las autoras del estudio introductorio señalan como establecimiento de “un lúcido vínculo entre dos procesos que a menudo pasan desapercibidos, cuando no directamente invisibilizados, en los análisis sobre la globalización económica…las dinámicas históricas de género y raza en el desarrollo capitalista y su concreción en el presente”. Porque en el núcleo de esa geografía de la globalización se encuentran no sólo nuevos territorios, sino sobre todo nuevos sujetos, nuevos agentes (no tan nuevos en realidad): en primer lugar, las mujeres, y ello explica la feminización creciente de la fuerza de trabajo y de la pobreza. Junto a ellas, los inmigrantes y las minorías.

Probablemente es en el último ensayo donde ese hilo conductor nos lleva a las propuestas más interesantes, en las que Sassen coincide con las tesis más renovadoras de la teoría de la ciudadanía, de Phillips a Young o Ferrajoli, arrancando de una concepción que, a mi entender, debe mucho (aun sin mencionarlo) al enfoque “agonístico” de la democracia propuesto por Connolly, cuyo motor es una tesis en el fondo tan vieja como Jhering, si no incluso como Heráclito: la idea de lucha por la ciudadanía, por los derechos, por el Derecho. Sassen rescata la noción de “presencia” ya propuesta por algunas representantes del feminismo crítico –integración política, participación en el espacio público- pero sabe mostrar cómo cambia el espacio de la política, que ha dejado esa jaula de hierro de lo público diseñada para instituir lo político como cuestión de género. Nuevas formas de ciudadanía, plurales, multilaterales, que conectan con la ciudadanía como “derecho a la ciudad”, “derecho a la movilidad”, “derecho a la presencia”, sobre todo de quienes han sido arrinconados a los territorios donde oficialmente (al menos para quienes siguen sin entender a Foucault) no reside, no juega el poder. Desde esos espacios, esos actores –las mujeres, los inmigrantes, sobre todo los sin papales, las minorías- están tejiendo la nueva política.

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