LE MONDE diplomatique - edición española



Una bofetada a la civilización

May Muzzafar*

 

En el curso de la historia, el Tigris y el Éufrates han sido testigos de una multitud de desastres, el más célebre de los cuales fue la invasión de Bagdad, ya entonces una metrópoli, por los Mongoles en el siglo XIII antes de Cristo. En ese primer desastre provocado por seres humanos, la herencia cultural de siglos enteros terminó en el Tigris. La historia recuerda ese período con desdén. Pero los Mongoles eran tribus bárbaras, no eran los dueños del mundo.

Los dos ríos siguen corriendo. Podrían contar la historia de esos vasos mellados de la era pre sumeria que ahora están hechos añicos en una de las salas del museo. La gran estatua del rey yace decapitada, su cuerpo abandonado como los cadáveres iraquíes en las calles de Bagdad. El arpa más antigua del mundo, el arpa de oro sumeria, desapareció. También se evaporaron en unas horas la hermosa cabeza de mujer de Warka, los tesoros de los reyes y reinas de antaño, así como millares de objetos y antiguas tablillas todavía sin descifrar. Desaparecieron los viejos manuscritos, esos ejemplares del Corán que se remontan a los primeros siglos del Islam. Algunas de esas piezas ya encontraron su camino hacia el mercado mundial de obras de arte.

Con sus colecciones que se remontan a la Antigüedad y al comienzo de la era islámica, el museo nacional ha constituido desde siempre una referencia para los investigadores, críticos de arte y artistas. Simbolizaba los vínculos entre pasado y presente. Guerras y levantamientos ya le arrebataron a Irak en el curso de su historia gran parte de su legado. Los grandes museos del mundo exponen las piezas más importantes de las civilizaciones iraquí, mesopotámica e islámica. Algunos estiman sin duda que los iraquíes no son dignos de esos tesoros…

Estos objetos antiguos se destacan por su extrañeza y originalidad. Cada pieza comporta una dimensión simbólica. Porque esta última sigue siendo hasta nuestros días un elemento característico del arte iraquí. Los artistas de este país nunca fueron simples artesanos. Pero tuvo que llegar la modernidad para que por fin su valor artístico fuera objeto de admiración. Es sin duda la razón por la cual André Malraux en su introducción al libro de André Parrot sobre Sumeria observa: "Ahora no solamente los descubrimos, sino que se nos cayeron las escamas de los ojos y por fin las vemos como lo que son, auténticas obras de arte, no solamente piezas de museo".

Del pasado al presente, del Museo nacional al Museo de arte moderno de Bagdad, saqueados e incendiados, se tiende una línea continua. Nuestro pasado es nuestro presente. La guerra y la superpotencia nos robaron uno y otro durante la segunda guerra del Golfo.

Fue una agresión contra la civilización. Al destruir la herencia de Irak, su pueblo, su arquitectura, milenios de cultura de la humanidad quedaron barridos. Las fuerzas invasoras del país más poderoso de la tierra atravesaron vastos océanos, pisotearon los cuerpos martirizados de niños, mujeres, hombres jóvenes y maduros, utilizando la tecnología militar más moderna para apoderarse de los pozos de petróleo iraquíes.´

Desgraciadamente, las fuerzas de la coalición no solamente mataron y humillaron al pueblo y la cultura de Irak, también abofetearon a la civilización. El legado que Irak acaba de perder con esta guerra le pertenecía a toda la humanidad.

 

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* Poetisa iraquí, escritora y crítica de arte.

 

Volver a sumario Mayo 2003