LE MONDE diplomatique - edición española



  • La incógnita del extraño

Enrique Santamaría (Ed). Anthropos, Barcelona, 2002

por Juan de la Haba Morles

En las últimas dos décadas hemos asistido a una constante dinamización y diversificación de las formas de movilidad humana, a la multipolarización de las redes migratorias e, incluso, al desarrollo creciente de una intelligentsia migrante nacida en el seno de las situaciones migratorias, entre otros aspectos que podríamos destacar. Pero, el que todo ello se haya producido en un contexto de intensa liberalización del capitalismo multicultural, ha hecho reaparecer con el rostro de la amenaza y la inquietud la figura social del “inmigrante”, y por antonomasia la del “extracomunitario”, alcanzando una notoriedad en la escena política verdaderamente inaudita.

Sin duda, las migraciones transnacionales son fenómenos relevantes para entender la contemporaneidad, pero hay que advertir también que cuando “el inmigrante” pasa a ser, como está ocurriendo en las pugnas políticas, el síntoma omnipresente de casi todo malestar social, debiéramos percatarnos de la quiebra e inanidad profundas en las que ha caído la actividad política dominante. Y como testimonio hiriente ahí está la tiranía y la miseria de las políticas de inmigración al uso, que encarnan en sí mismas una verdadera intimidación a la razón social.

El pensamiento sobre las migraciones está repleto de a prioris. De forma característica es éste un terreno donde las representaciones recibidas son tan poderosas que capturan y avasallan la consciencia de casi todos, incluidos los propios migrantes. Y no sólo eso, sino que la inmigración, para afrenta y fastidio de todo el que aspire a un buen conocimiento de su dinámica y significación, parece arrastrarnos hoy al coto insidioso de esa escolástica mediática integrada por “expertos”, comentaristas de lo social y doxólogos: el de los “problemas sociales”, y como tal se ha convertido en moneda corriente para la compostura de la “actualidad” en los medios de comunicación.

Ante esta tesitura, la publicación de este libro se nos presenta con una oportunidad y una lucidez imprescindibles, ante todo porque a lo largo de sus páginas no oímos la misma música de casi siempre. La incógnita del extraño, se titula, pero incógnita paradójica, pues “el otro” no es propiamente un ser ignoto, sino un objeto sobre el que se produce un continuo y casi siempre excesivo saber. En este sentido, el autor nos pone en guardia contra las némesis sociológicas que pasan inadvertidas con tanta frecuencia, y lo hace insistiendo en el enorme poder performativo que puede llegar a tener en ciertas ocasiones y contextos el trabajo científico y los instrumentos de análisis que este produce. Es decir, el abordaje de los fenómenos migratorios muestra el carácter instituyente que tienen las categorías de pensamiento que elegimos para la labor investigadora y que, muy a menudo y sin control, son tributarias de los modus operandi administrativos y gubernamentales, con toda la impronta positivista y objetivista que arrastran y con la que se pretende hacer pasar por autoevidente su enorme sinrazón histórica. El texto de Santamaría habla con claridad al respecto, al poner en entredicho toda aquella sociología que en lugar de ser el sujeto creador de sus problematizaciones científicas pervive sujeta a problemas y horizontes constituidos en espacios fuera de su control. Por ello, uno de sus méritos es su esfuerzo permanente de extrañamiento sociológico, aplicado incluso a la misma historia de la sociología como disciplina, de modo que a través de su revisión crítica nos permite no sólo pensar las migraciones a través de la sociología, como era de esperar, sino pensar la sociología a través de las migraciones.

El extraño —ya sea en la figura del extranjero como en otras que pueden encarnarlo— es ante todo una perspectiva social distinta del mundo que habitamos: a través de él las sociedades y los hombres salen de sí, se alumbran en forma de alteridad. Así, la idea del otro se convierte, en el pensamiento sociológico, en fuente de conocimiento. Tomando este argumento como punto de arranque, la obra de Santamaría reconstruye algunos hitos de la historia de la teoría social que han sido conscientes de ese principio. Recordemos la trascendencia que tuvo el caso Dreyfus para la evolución del pensamiento de Durkheim, las digresiones de Simmel sobre la condición de extranjería, o ese mosaico de “extraños” y figuras erráticas que pueblan lo metropolitano según los sociólogos urbanos del Chicago de principios del siglo XX, entre otros. Recogiendo, por tanto, los logros de la mejor investigación histórica y sociológica sobre migraciones, el autor nos lleva a reconstruir las bases socioculturales de la significación que adquiere hoy la “inmigración extracomunitaria” y, también, el suelo social que da cuenta del trato que recibe el “inmigrante”. Y más allá de ese empeño, el ensayo-investigación de Santamaría contribuye a pensar mejor las relaciones contemporáneas entre cultura y poder, sobre todo en la medida en que su análisis ilumina cuestiones que tienen que ver con la etnización del control social y el nuevo vigor de los determinismos comunitarios.

Nos encontramos, pues, ante uno de esos raros textos que se propone seriamente ir más allá de las representaciones sociopolíticas que hacen de los inmigrantes un problema o una solución; que nos muestra, por ende, la presencia de un mismo reduccionismo tanto en los que ven en el componente heterogéneo de la inmigración el mayor riesgo de descomposición del orden social y político de nuestras sociedades, como en las imaginerías halagüeñas de una vida cultural tornasolada. Aunque polemicen entre sí, ambas posiciones tiene como efecto común imponer una problemática dominante que cierra la posibilidad de otros enfoques. En este sentido, lo que Santamaría propugna es pensar la migración como una figura de la comunicación, de tal manera que, frente a las modalidades de la asimilación, la absorción, la inserción y, también, de la hibridación o la fusión, las migraciones materializarían una lógica de la articulación, en la que los migrantes dejan de ser seres abstractos o carenciales, para devenir sujetos que participan conflictualmente en la construcción de nuevos campos socioculturales, que son a la vez transnacionales e infranacionales.

En suma, sólo nos queda añadir que, por lo que hemos resaltado y por otras cuestiones que el lector podrá encontrar —y no olvidemos que estamos en un terreno donde abunda una literatura no siempre justificada por lo redundante de los temas, cuando no más bien decepcionante en sus resultados—, La incógnita del extraño está llamada a ser un texto de referencia que requerirá una discusión atenta en el ámbito de los estudios de los procesos migratorios, y donde, además, todo lector hallará suficientes elementos de acicate para el pensamiento y la acción sociopolítica.

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