LE MONDE diplomatique - edición española



Una democracia cristiana versión islámica

Wendi Kristianesen*

Hacemos todo lo que podemos para impedir la guerra, que abriría una caja de Pandora. Y nosotros somos capaces de estimar los estragos que causaría y su costo. Después de todo, Turquía es una parte esencial de esta región. Pero también debemos prepararnos para lo peor. Turquía es un aliado estratégico de Estados Unidos y no queremos alterar esa relación. Por el contrario, queremos reforzarla.” Abdullah Gül, el primer ministro de Turquía, que tiene un estilo franco y directo, es miembro del Partido de la Justicia y el Desarrollo (Adalet ve Kalkinma Partisi, AKP), que se impuso ampliamente en las elecciones del 3 de noviembre de 2002. Afirma con claridad que su gobierno buscará siempre el consenso, tanto en los problemas externos como internos.

“ Somos un partido conservador y democrático, explica. Queremos conformarnos a las normas de la Unión Europea y nos esforzamos para poder adherirnos a ella. Queremos demostrar que un país con una mayoría musulmana puede sentirse cómodo en el mundo moderno”. ¿Es una referencia indirecta a la religión? “Nuestro vínculo con la religión se establece sobre una base individual. Es un derecho esencial, pero no es más que un derecho entre otros. No queremos imponer reglas religiosas. Y ahora que estamos en el gobierno, nuestra sinceridad puede ser puesta a prueba”.

Aparentemente, el AKP no tiene nada que temer. Domina ampliamente en el parlamento (tiene 363 diputados sobre 550), y está a sólo cinco escaños de la mayoría de los dos tercios que le permitiría modificar la constitución. Es el primer partido desde 1987 que dispone de una mayoría estable y el único desde 1945 que tiene sólo una organización que lo enfrenta en el parlamento. Una buena noticia para Turquía, que necesita estabilidad para hacer frente a sus numerosos desafíos, entre los cuales la economía ocupa el primer lugar.

La victoria del AKP fue en principio una respuesta a la crisis de febrero de 2001, que exasperó a las clases medias, por primera vez afectadas por el desempleo. Fue también una protesta contra la corrupción y la bancarrota de un sistema obsoleto.

Pero ¿será el AKP capaz de responder a esas expectativas? Nada es menos seguro. A pesar del veredicto de las urnas, el 45% de los electores no está representado en la asamblea, ya que el AKP obtuvo el 34% de los votos contra el 20% del único otro partido representado, el CHP (?). Y como el electorado resultó ser muy inestable, el AKP sabe que para consolidar su poder deberá probar que ha alcanzado logros, especialmente en el ámbito económico, desde su primer mandato. Pues aun cuando la declinación de los partidos de centro y el viraje hacia la derecha del electorado prosiguen, el AKP no estará solo en la competencia. En noviembre pasado, Cem Ozan, un desconocido hombre de negocios de 42 años, surgido no se sabe de dónde, obtuvo sorprendentes resultados para su partido de extrema derecha, el Partido de la Juventud (Genc Partisi, GP). Algunos temen que mañana pueda representar una solución laica, pero inquietante, de recambio del AKP.

El AKP ha aprendido mucho de la experiencia de su antecesor islámico, el Partido de la Prosperidad (Refah Partisi, RP), que gobernó el país durante un año, bajo la dirección de Necmettin Erbakan, hasta que el ejército lo obligó a dimitir el 18 de junio de 1997. Contrariamente al Refah, el AKP busca activamente una solución para la cuestión chipriota, aunque Gül reconoce que el asunto “no está del todo en sus manos”. Respondió a los sentimientos populares de oposición a la guerra contra Irak y a la participación de Turquía en el conflicto, resistiendo todo lo posible a los requerimientos estadounidenses de despliegue de tropas en su suelo, y peleando para obtener las mejores compensaciones financieras posibles. Desarrolló una diplomacia activa, particularmente con los países árabes, China y Asia Central. Opciones ampliamente aprobadas en el país.

Sin embargo, el AKP encuentra la oposición del establishment laico en cada una de sus acciones. Y no solamente la del ejército o del Consejo Nacional de Seguridad (1). En la política interna choca con resistencias en las instituciones judiciales, burocráticas y económicas. Así, mientras el partido trata de reformar el sistema de enseñanza superior –una reforma que incluso los presidentes de universidades juzgan indispensable- se encuentra bloqueado por el Consejo de Educación Superior. En lo que se refiere a la economía soporta las críticas del ámbito de los negocios (lesquelles), especialmente las de Tüsiad, la poderosa asociación laica que representa a los grandes grupos. Alí Babacan, el joven ministro de economía (de 36 años) desmiente cualquier indecisión del gobierno: “El programa de reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI) forma parte de nuestro programa global, asegura. Pero dijimos desde el principio que algunos aspectos del acuerdo con el FMI serían rechazados. En primer lugar debemos combatir la inflación y la corrupción, reformar el sistema impositivo y atraer capitales extranjeros”.

A pesar de su falta de experiencia gubernamental, Abdullah Gül suscita un respeto bastante expandido, e incluso admiración. Pero se teme que el fundador y verdadero dirigente del partido, Recev Tayyip Erdogan, tenga un plan secreto a largo plazo y que trate de imponer un programa islámico. Erdogan, que fue un intendente muy popular de Estambul, no ha podido ser candidato a las elecciones de noviembre de 2002 por una condena a prisión recibida en 1999 por intento de “socavar” la república. Podría, sin embargo, presentarse el 9 de marzo en una elección parcial en Siirte y entonces reemplazar a Gül en el cargo de Primer Ministro.

¿ Qué valor tienen estas acusaciones de islamismo? Erdogan fue discípulo de Erbakan, producto de una época anterior, de una Turquía más kemalista. Su forma de islamismo ha adoptado los valores estatales y una “visión nacional” (milli goru), que asignaba a Turquía un papel de líder en el mundo musulmán. Pero las exigencias concretas, como la de aplicar la sheriat, la ley islámica, estaban prohibidas por la constitución. ¿Qué pasará ahora?

Ru_en Cakir, un especialista en cuestiones islámicas, explica: “Erdogan ya no es un islamita. Es un resultado del fracaso del Islam político en Turquía”. Taha Akyol, otra autoridad sobre el Islam y un editorialista del diario Miliyet, confima: “Erdogan y los de su generación se rebelaron contra los ‘musulmanes kemalistas’, que tenían el temple de Erbakan. A medida que iban ganando experiencia, se volvían más moderados e influidos por las políticas de libre mercado implementadas por el presidente Turgut Ozal al comienzo de los años 1990. El punto de ruptura fue su rechazo a la ‘autoridad sagrada’ y a la ‘salvación’. A partir de ese momento, se abandonó la esfera de lo sagrado para entrar en la política”.

Cuneyt Zapsy, el consejero más cercano a Erdogan, uno de los fundadores del AKP y exitoso hombre de negocios, explica: “Nuestro objetivo era crear un partido conservador de derecha, religioso pero no islamista. Y ahora chocamos con un problema: el establishment laico se opone a nosotros con más vigor del que hubiera puesto contra un partido islamista, del cual les habría sido más fácil deshacerse”. Es cierto que el AKP ha arrojado lejos sus redes, recuperando militantes y electores de otros partidos y también recién llegados a la política, reflejando a la mayoría de la región de Anatolia (que tiene el 90% de la población de Turquía), profundamente conservadora, tradicional y religiosa. Los adeptos a un islamismo como el desarrollado por Erbakan no son más que una pequeña minoría en el partido.

Yilmaz Esmer, profesor de ciencias políticas de la Universidad Bogazici señala que “el crecimiento de los valores religiosos comenzó en la primera parte de los años 1990 cuando Ozal estaba en el poder, y luego se estabilizó. Ese crecimiento estuvo acompañado de un fuerte viraje hacia la derecha”. Reconociendo que el sentimiento religioso es fuerte en los países musulmanes, el Dr. Esmer intenta una estimación para Turquía: para la mitad de la población la religión es un asunto personal, un tercio la considera un asunto de la comunidad (lo que significa sanciones sociales), y menos del 20% ve en ella una fe aplicable al plano político.

Si bien la religiosidad no ha aumentado desde 1995, los conservadores –con sus raíces en Anatolia- se han vuelto más audaces y los símbolos de la religión se muestran más públicamente. Esto se percibe especialmente en la cuestión candente del pañuelo –turban en turco-, que sigue prohibido en las universidades y para las empleadas del Estado (abogadas, enfermeras, médicas, etc.). Hasta ahora el AKP no ha tomado ninguna medida al respecto. Las mujeres representan el 10% de los miembros fundadores y el 10% de las instancias decisorias del partido, y exigen que se avance en ese terreno, aunque con menor fuerza que las militantes islamistas que no pertenecen a la organización.

Ay_e Buhurler, una productora del canal de televisión islámico Kanal Yedi (K7) y Fatma Bostan Unsal, una especialista en ciencias políticas –ambas miembros fundadores del AKP- nunca habían hecho política antes. No pudieron presentarse a las elecciones porque se cubren la cabeza con un pañuelo. Exigen que el gobierno actúe para abolir la prohibición del turban, aun cuando reconocen que no es una prioridad. Ay_e Buhurler se justifica: “Las cuestiones económicas e internacionales están en primer lugar, luego vienen los derechos de las personas (tortura, condiciones de vida en las prisiones, discriminaciones de todo tipo), y el uso del turban es uno de esos derechos”. Para Fatma Bostan Unsal, “la pobreza es la cuestión central y los pobres son nuestra primera prioridad. Después estamos nosotras, las mujeres con velo. A veces creo que el partido no es muy valiente, busca demasiado el consenso”.

El AKP tiene trece mujeres diputadas. La señora Zeinab Karahan Uslu, una auxiliar de sociología en la Universidad de Estambul, de cabellos muy largos, no viene de una familia religiosa y hasta ahora nunca se había comprometido. Se unió al AKP porque “el cambio es vital en Turquía. La gente lo quiere, y lo merece. El AKP es al mismo tiempo conservador y progresista; está abierto al cambio”. ¿El pañuelo? “Es una de las cuestiones vinculadas a los derechos de las personas a la cual debemos dar respuesta en un sistema democrático”.

Es demasiado fácil establecer un vínculo entre el aumento de la expresión de los valores islámicos y el AKP. Es un fenómeno que también afecta a otros partidos, y las diputadas del AKP no son las únicas que usan velo. De cualquier manera, no es la razón de su llegada al poder. Pero, después de los sobresaltos económicos del 2001, la gente pensaba que el AKP terminaría con la corrupción (el acrónimo del partido quiere decir: “partido blanco”) y defendería a los pobres.

El Dr. Ay_e Bugra y el Dr. Caglar Keyder, de la Universidad Bogazici, concluyen así su estudio sobre la pobreza: “ El AKP ha tomado esta cuestión en serio y ha basado sobre ella su política local. Pero aunque haya identificado el problema, es de temer que continúe considerando a la asistencia social como una caridad, a la manera islámica, y no como un derecho fundamental”.

El gobierno se encuentra atrapado entre las expectativas de la población –ha aumentado las jubilaciones en 30%- y la necesidad de restablecer las finanzas del país. Fehmi Koru, un editorialista influyente insiste: “El AKP tiene un doble compromiso, el Islam y la democracia, esto es algo nuevo”. Pero, ¿cuál es la posición del partido sobre el laicismo? F. Koru afirma que es favorable, pero que la ve más bien según la tradición anglosajona. El Estado no se ocuparía de las prácticas religiosas de las personas. La adhesión a la Unión Europea podría, por otra parte, reducir la fractura entre laicos y religiosos con una Turquía formando parte de Europa.

Pero esta visión a largo plazo no ayudará al AKP a gobernar durante este período legislativo, cuando la guerra se perfila en las fronteras del sur del país y el partido sigue bajo la vigilancia de los militares y del establishment laico. El AKP está en el gobierno, pero ¿tiene el poder?

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* Periodista, Londres

NOTAS:

(1) El Consejo Nacional de Seguridad (Milli Güvenlik Kurulu, MGK) está compuesto por militares y ministros en partes iguales y lo preside el presidente de la República. El ejército, que se considera el garante de la república laica fundada por Mustafa Kemal (Ataturk), ejerce el poder por medio del Consejo de Nacional de Seguridad. ver “La izquierd aturca entre militares e islamistas”, Le Monde diplomatique, edición española febrero 1999.

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