LE MONDE diplomatique - edición española



¿Bautismo de fuego para las armas electromagnéticas?

Karyn Poupée

Nada de ruido, ni de humo, ni de olor. La bomba es invisible: no levanta polvo, no cava ningún cráter. No hay muertos, tampoco camilla… Esta arma improbable existe sin embargo. Se llama e-bomb, la bomba electromagnética. Nunca ha sido utilizada todavía en un campo de batalla.

El efecto de las impulsiones micro ondas sobre los sistemas electrónicos fue descubierto un poco por azar cuando los ejércitos constataron que cerca de sus radares más potentes los aparatos electrónicos dejaban de funcionar. El campo electromagnético generado por una explosión atómica en la alta atmósfera tenía las mismas consecuencias.

Falta estudiar varias soluciones tecnológicas para la creación de una gama variada de e-bombs para integrarlas en obuses, misiles, aviones, camiones, satélites, valijas, etc. ¿Sus objetivos? Los cables, redes, servidores, circuitos de comunicaciones electrónicas, procesadores, conmutadores, ordenadores, el corazón de los bunkers- dado que estos últimos resultan difíciles de alcanzar por otros medios. ¿Consecuencias directas? La interrupción momentánea o definitiva de las comunicaciones, intercambio de datos, sistemas de comando, aparatos de detección, de medida y control. En el marco de un ataque aéreo o terrestre, su empleo apuntaría a aislar al enemigo, ponerlo en una situación de incapacidad para controlar sus medios y fuerzas o para informarse sobre el estado de la batalla en curso.

Las bombas electromagnéticas pertenecen a la categoría de las armas denominadas de energía directa- más precisamente a la familia “micro ondas de alta potencia” (en inglés, HPM, high power microwaves weapon). Ya no remiten a la ciencia ficción. “Esas armas se inscriben en la evolución lógica de las tecnologías de ataque y defensa”, comenta François Debout, subdirector de estrategias técnicas de la dirección francesa general de armamento (STTC-DGA). Se trata de proyectiles de diferentes tamaños (de la valija al camión) compuestos de una fuente de alimentación, un generador de impulsión, un tubo de hiperfrecuencia y una antena y capaces de producir impulsiones electromagnéticas muy breves y poderosas con frecuencias, alcance y direccionalidad variables.

Su impacto directo sobre los seres humanos se juzga nulo, a falta de prueba en contrario. “Dada la brevedad de las impulsiones micro ondas, explica Debout, no hay agitación de moléculas de agua susceptible de generar una elevación de la temperatura corporal”. Dicho de otro modo, estas micro ondas en teoría no tienen tiempo de “cocinar” a los seres vivientes que se encuentren en su radio de acción, salvo en caso de fallo que induciría una exposición prolongada. Todos los equipos eléctricos y electrónicos son en cambio vulnerables a esas impulsiones. Tanto más cuanto que la miniaturización de los componentes acentúa su sensibilidad al medio ambiente electromagnético.

Desde fines de la década de 1980 en California el laboratorio estadounidense Lawrence Livermore, el de Los Álamos, así como un laboratorio de la US Air Force, dirigen programas de investigación sobre este tipo de arma. Lo atestiguan los informes publicados desde 1988 por sus investigadores (1), como asimismo las conferencias organizadas sobre este tema en 1993 en Los Álamos en presencia de parlamentarios y representantes de la US Navy y de la US Air Force. Desde mediados de los años 1990 los documentos presupuestarios del departamento de Defensa mencionan también los programas HPM sin dar detalles.

En 1994 tienen lugar los primeros ensayos para poner a punto sistemas de protección contra las e-bombs destinados especialmente a los aviones F-16. En 1996 el estudio pasa a la etapa de modelización informática. El mismo años se habría firmado el primer contrato de desarrollo con un constructor (cuyo nombre no se dio a conocer) para producir un generador (2).

En 1997 se realiza en California un ensayo de tamaño natural, cuyo objetivo era un helicóptero. A partir de 1998 se inicia la fase más concreta de desarrollo, después de “la demostración de la capacidad operativa de los HPM para destruir objetivos deteminados en un medio ambiente natural y la validación de los criterios exigidos para la utilización de esos sistemas” (3). El año 2000 fue el de la puesta en marcha de un arma monoimpulsión destinada a atacar las defensas antiaéreas.

Es muy probable que Estados Unidos esté en posesión de armas HPM montadas sobre misiles. Y que tenga previsto montarlas sobre aviones con y sin pilotos. En cambio está mucho menos adelantado en programas de defensa ante este tipo de proyectiles. Según el capitán Tom Jost del Centro de Seguridad de la Air Force, los programas puestos en práctica para estudiar la vulnerabilidad de los materiales y de los humanos y elaborar medios de protección y defensa culminarán en medidas concretas de gran amplitud a mediados de 2003 (4).

Por su parte, Francia realiza investigaciones sobre diferentes aspectos con la ayuda de laboratorios universitarios (Limoges, Lille) y de escuelas de ingenieros (Supelec y Politécnico, en Saclay), “pero no se decidió ningún programa de desarrollo”, afirma Debout refiriéndose a la DGA. ¿Cómo incluir armas HPM en equipos diversos? ¿Cómo garantizar la adecuación objetivo/medios, evitar que se produzcan daños fratricidas o que esa tecnología quede en manos enemigas debido por ejemplo a la pérdida de un misil equipado? Estos son algunos de los interrogantes que se suscitan. Además de Estados Unidos, que parece haber resuelto o eliminado en parte estos problemas, los países más avanzados, si nos atenemos a los informes del departamento de Defensa de Estados Unidos, serían los británicos, los chinos, los alemanes y sobre todo los rusos.

En 1998, según la revista sueca Svenska Dagbladet, Australia y Suecia le habían comprado a Rusia, con fines de experimentar, una pequeña arma HPM por unos 150.000 dólares. Y desde octubre de 2001 la empresa rusa Rosoboronexport propone equipos que entran en esa categoría, entre ellos el Ranets-e, un sistema móvil de defensa que actúa en un radio de 10 km con impulsiones de 10 a 20 nanosegundos y con una potencia de 500 megawatios.

En agosto de 2002 el secretario estadounidense de Defensa Donald Rumsfeld dio a entender que esas armas, consideradas como “no letales” (5), podrían formar parte también del arsenal estadounidense en caso de conflicto con Iraq: “You never know” (“Vaya a saber”), se limitó a responder. Para Debout, con o sin e-bomb, la “guerra limpia” sigue siendo un concepto insensato: “Me niego de todos modos a calificar esta arma como no letal. Imagínese si ese sistema alcanza a un avión de línea…”

“Un arma para producir accidentes”, concluye filosóficamente Paul Virilio.

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* Periodista

NOTAS:

(1) Especialmente Robert Antinone y W.C. Ng, “HPM (High Power Microwave) Testing of Electronic Components”, Lawrence Livermore National Laboratory. Livermore, California, 10-5-1989.
(2) Documentos presupuestarios descalificados, “RDT&Eexhibit R-2”, 1996.
(3) Idem, 1998.
(4) Tom Jost, “DEW Safety Policy Development Plan”, 24-6-2002. http`://www.deps.org/DEPSpages/ graphics/DETEconf/
(5) Leer Steve Wright, “La hipocresía de las armas no letales”, en Le Monde diplomatique edición Cono Sur, diciembre de 1999.

Volver a sumario Febrero 2003