LE MONDE diplomatique - edición española



¡Viva Brasil!

Ignacio Ramonet

Luiz Inacio Lula da Silva, ex dirigente sindical, jefe del Partido de los Trabajadores, electo en octubre de 2002, asume su cargo en un contexto latinoamericano en plena conmoción. Por primera vez el inmenso Brasil, la décima potencia industrial del mundo, con 170 millones de habitantes, va a ser gobernado en condiciones democráticas por un dirigente surgido de la izquierda radical que rechaza la mundialización liberal. Es un acontecimiento de primera magnitud. En un entorno muy diferente, evoca lo que significó en 1970 la elección del socialista Salvador Allende para la presidencia de Chile…

Este 1º de enero de 2003 señala así el comienzo de un nuevo ciclo histórico en América Latina. Siguiendo a su vez a un período funesto de dictaduras militares, represiones e insurrecciones armadas, el ciclo precedente duró alrededor de dos décadas (1983-2003). Y lo han marcado tres fenómenos principales: 1) la extinción de las guerrillas (con excepción de las de Colombia y del muy singular y no violento Ejército zapatista del subcomandante Marcos en Chiapas); 2) la generalización de los regímenes democráticos; 3) la experimentación sistemática de políticas económicas neoliberales.

La aplicación del modelo neoliberal se tradujo en una suerte de ajuste estructural permanente que acarreó en todas partes consecuencias sociales desastrosas y se salda con un fracaso estrepitoso. En 2002 el mercado laboral dio los resultados más negativos de los últimos 22 años. La desocupación estalló y más de la mitad de los asalariados en edad de ejercer una actividad sólo encuentra empleo en el sector informal. La cantidad de pobres sigue aumentando. En cambio, el salario mínimo sigue disminuyendo y el Producto Interior Bruto (PIB) de la región volvió a caer (-0,8%). Algunos países se sumieron en la crisis más grave de su historia. En Argentina, por ejemplo, más de la mitad de los 37 millones de habitantes viven ahora en la pobreza, y más de la tercera parte de la población activa está sin trabajo o subempleada…

Exasperadas, las poblaciones manifestaron su rechazo y su hartazgo de dos maneras: votando contra los partidos que preconizaron esas políticas, y, sin esperar la fecha de elecciones, rebelándose y derribando llegado el caso a presidentes favorables a programas neoliberales. Así por ejemplo en Ecuador en enero de 2000, tras la decisión de dolarizar la economía, una rebelión de campesinos indígenas expulsaba del poder al presidente Jamil Mahuad. En Perú, en noviembre de 2000, el presidente Alberto Fujimori, acusado además de corrupción, fue derribado a su vez por una sublevación popular. En Argentina en diciembre de 2001 una insurrección destituía al presidente Fernando de la Rúa al grito de "No a la globalización", "Fuera el Fondo Monetario Internacional", No al pago de la deuda" . En Bolivia, Paraguay, Costa Rica, otras manifestaciones masivas, a veces de carácter insurreccional, repudiaron a la clase política, la privatización de los servicios públicos o la aplicación dogmática de las consignas del FMI.

Estos disconformes con el orden neoliberal son los que en Venezuela desde 1998 plesbicitaron al presidente Hugo Chávez y apoyaron su programa moderado de reformas sociales. Son ellos quienes a fines de diciembre de 2002 siguen apoyándolo con fervor frente a los intentos de destitución conducidos, bajo la mirada benévola de Washington, por los sectores pudientes beneficiarios de la mundialización, una minoría decidida, aun a riesgo de perderlo todo, a sumir al país en una guerra civil (1).

Son ellos los que en Ecuador el 24 de noviembre de 2002 eligieron al "candidato de los pobres" Lucio Gutiérrez, un ex coronel de origen muy modesto que se opone al Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y quiere poner las riquezas del país al servicio del 70% de sus compatriotas que viven por debajo del umbral de la pobreza.

Todos estos signos políticos indican con claridad que para los partidarios de la mundialización la fiesta parece haber terminado en América Latina. La elección de Lula en Brasil aparece en este sentido como el indicador más evidente. Aunque las cosas no serán simples para el nuevo presidente (2). Será juzgado esencialmente por su capacidad para reducir la cantidad de pobres y de distribuir mejor la riqueza de un país de desigualdades abismales: un 1% de la población es dueño del 53% de las riquezas nacionales. Pero también tendrá que probar que los pueblos de América Latina todavía pueden elegir su futuro, y que frente al proyecto neoliberal es posible otro modelo económico. "Porque toda América Latina nos mira, y porque llevamos la esperanza a todos los latinoamericanos, no tenemos derecho a fracasar", declaró Lula. ¿Mantendrá su apuesta?

NOTAS:

(1) Leer "Venezuela in danger", "Help Latin Americans" y "A dangerous game with Venezuela" en International Herald Tribune, respectivamente 12-7-02, 23-11-02 y 14-12-02.
(2) Emir Sader, "Ocho años que hundieron Brasil", Le Monde diplomatique edición Cono Sur, octubre 2002.

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