LE MONDE diplomatique - edición española



EN KIOSCOS: OCTUBRE 2004. Número 108

El laberinto caucasiano

Ignacio Ramonet

Para Rusia hay, a partir de este momento, un antes y un después de Beslán. Como lo ha habido, para Estados Unidos, un antes y un después del 11 de septiembre. La masiva toma de rehenes civiles, el 3 de septiembre último, ha llevado a la angustia y a la masacre de unas 370 personas y de ellas 160 niños. Esta nueva masacre de inocentes ha dejado helado de horror al mundo que por otra parte ha asistido, con estupor, a la intervención confusa y brutal de las fuerzas del orden rusas.

Por el increíble fracaso del aparato de seguridad y por la dimensión delirante de la violencia de la que hicieron prueba los raptores, Beslán marca sin duda, en las guerras del Cáucaso, un giro (leer el artículo de Jean Radvanyi, páginas 4 y 5). Es la crisis de mayor magnitud que afronta Vladimir Putin desde que es presidente. Pero no es cierto que haya calculado, con exactitud, su impacto. ¿No ha declarado, al día siguiente de la carnicería “Es necesario admitir que no hemos comprendido la complejidad y el peligro de los procesos que sobrevenían en nuestro propio país y en el mundo”? Una manera de afirmar que Rusia, como otros Estados del planeta, está enfrentada a un adversario común, el “terrorismo internacional” dicho de otra manera: el islamismo radical o lo que algunos llaman la “yihad islámica mundial”.

 

 

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